2. 2002... RESCATE EN SITGES.

Año 2002, el caos ha invadido Sitges. Una legión de seres terroríficos se ha apoderado de las calles y ha derramado la sangre por cada esquina, plaza, playa... de la ciudad. La especie humana está al borde de la extinción, solo reducidos grupos de personas mantienen la luz en la oscuridad, ocultos en lugares seguros: sótanos, garajes, cobertizos, casas... Se ha creado un eje central, liderado por Guillermo del Toro, un experto en temas oscuros que tiene en su poder la posible solución al mal existente. Yo estoy en la otra punta de la ciudad, y debo llegar al eje lo antes posible, aunque me vaya la vida en el intento, ya que cada minuto que permanezco solo, puede ser el ultimo minuto de vida.

Abro la puerta de mi casa lentamente, observado el oscuro cielo, y esperando que todo continúe tranquilo, por lo menos hasta que esté en un lugar seguro. Avanzo dos pasos, vuelvo a mirar a mi alrededor, a partir de este punto ya no hay retorno, si algún peligro me acechara, me tocaría correr. Con rapidez me encamino hacia las escaleras que hay frente a mi casa, bajo tres peldaños y me giro hacia mi hogar, para verlo por ultima vez. Prosigo bajando hacia el mar, de repente oigo un grito a lo lejos, parece provenir de la playa. Me escondo tras unos matorrales que hay al lado de las escaleras, desde allí voy sacando la cabeza para distinguir algo entre la oscuridad de la lejanía, parecen ser cuatro grandes sombras acechando a una más pequeña, que no cesa de gritar. Sigo bajando, esta vez por entre los matorrales, sin quitar la vista de la playa, y sin darme cuenta de que justo delante mío hay otra persona, mirándome inmóvil. Se trata del Sr. Kitano, que estaba de visita en la ciudad cuando estalló toda la catástrofe. Me presento a él cordialmente, y a los cinco minutos de conocernos estamos atravesando el paseo de la playa, a menos de veinte metros de las sombras, que resultan ser hombres lobos de dos metros, para dirigirnos hacia la iglesia, ligar donde dice el Sr. Kitano está el eje central.

 

Miro otra vez hacia la playa, los pedazos de lo que parecía ser un hombre están esparcidos por toda la playa. Kitano (ahora ya lo conozco lo suficiente como para tutearlo) me hace un gesto con la mano para que no me distraiga, así que comienzo a andar rápido hacia él, con la mala suerte de que resbalo con la sangre que hay en el suelo, y los licántropos oyen el ruido mi caída y en menos de diez segundos los tenemos delante nuestro, echándonos el aliento a carne fresca. El Sr. Kitano (me parece que he dejado de ser su amigo) se encara a los cuatro hombres lobos, yo me quedo parado ante las enormes figuras peludas, y mientras mi amigo les hace una par de llaves yo aprovecho para salir corriendo hasta una casa con la puerta abierta. Cierro la puerta, y justo cuando creo que ni un tanque es capaz de derribarla, aparece tras de mi el Sr. Michael Myers, el asesino implacable, el hermano de la gritona que recibe una patada mía en lo que cuelga. Una vez en el suelo, paso por encima de Mike, oigo como gimotea algo bajo la máscara, la verdad es que después de tantos años ya no es lo que era. Comienzo a subir las escaleras mientras escucho a los lobos que vienen a por mí, supongo que no aguantó mucho rato mi ex-amigo oriental. Llego hasta la azotea y la recorro de punta a punta, para ver desde donde puedo saltar. Justo en frente hay un tejado, salto hacia él con todas mis fuerzas, es de pizarra y resbala mucho, pero gracias a mi suela de goma, consigo no caer al vacío. Me pongo en la parte superior, para saltar a otra azotea, esta más accesible. De un portazo aparecen los lobos, uno de ellos lleva una máscara ensangrentada en la boca. Que animales, de un bocado han acabado con toda una saga (?), pienso para mis adentros. Los lobos se disponen a atraparme, así que más vale que me espabile, salto a la azotea y de esa a otra, y a un tejado mientras los animales siguen detrás, cada vez más animados por comerme. Un aullido inunda todo el cielo, como si de un grito de lujuria se tratara, estoy acojonado, pero sigo saltando por inercia, aunque me tengo que detener, ya que no hay nada al lado de la ultima azotea, y no me he fijado que la anterior, en la cual están ahora los lobos, tiene la puerta de acceso al piso inferior abierta.

 

Soy un inepto, y en consecuencia a ello voy a morir, es justo. Los lobos saltan, y se plantan otra vez delante de mí, babeando de gusto, aullando, golpeando sus afiladas uñas contra el suelo, pero de repente un grito brutal paraliza hasta a los lobos. Un enorme dragón surca los cielos y se dirige como una flecha hacia el edificio en el que estamos, yo me aparto lo máximo que puedo, a la vez que una enorme llama pasa por encima mío hacia donde están los lobos. El fuego fulmina por completo a los licántropos, dejándolos casi como figuras de piedra-fuego, y el dragón vuelve a desaparecer en la espesa noche. Yo atravieso lo más rápido que puedo las llamas, para ir hacia la puerta abierta en el otro terrado. Una vez allí bajo las escaleras con más tranquilidad que subí las anteriores, quizás hay menos peligros que antes, pero nunca se puede estar seguro de lo que te puedes encontrar en la ciudad.

Me asomo a la calle. Observo. Parece que nada me acecha a primera vista. Camino con paso ágil hacia la iglesia, paso por al lado de un hombre muerto apoyado en la pared de una casa, me sorprende que solo lleve una bata de estar por casa roja, y aún me sorprende más que tenga un mordisco en el cuello, bueno de hecho no me sorprende, me estremece. Continúo caminando, y ante mi se han cavado unas trincheras, donde hay depositados cuerpos sin vida, muchos de ellos con la cara cosida, como si alguien hubiera hecho un puzzle con las caras de todos los cadáveres. Comienzo a correr, para alejarme cuanto antes de esas imágenes. Llego hasta la iglesia. Está cerrada. Pico varias veces. Miro al cielo, y después hacia mi lado, donde aparece Hannibal Lecter para clavarme un bisturí en la yugular, me apoyo contra la puerta de la iglesia, como si creyera que de este modo estaría protegido. Lecter se aproxima justo hasta mi cuello, yo estoy inmóvil hasta que se abre la puerta tras de mi y caigo de culo dentro de la iglesia. Vin Diesel cierra la puerta lo más rápido que puede, junto con la ayuda de David Cronenberg, evitando la entrada del caníbal. Parece que de momento estoy a salvo.
Los dos salvadores me levantan y me llevan ante el jefe Guillermo, una vez con él, le explico lo sucedido con los lobos, el dragón, las trincheras... Parece entenderlo todo a la perfección, finalmente le pregunto que podemos hacer para solucionarlo. Y él se queda un momento parado, mira a sus camaradas : Rob Bowman, David Cronenberg, Paul Naschy, Alex de la iglesia, Santiago Segura... Y comienza a partirse de risa, primero él, y después sus compañeros. De repente, se giran hacia mí con una sonrisa maliciosa y con unos colmillos amenazadores asomando, y me dice medio cantando:

_¿Gracias a quién crees que ha llegado el terror a Sitges?

 

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